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martes, 14 de marzo de 2017

Aviación en la Antigüedad

MUNDO MODERNO Y SABIDURIA ANTIGUA. PARTE XIII


AVIACION EN LA ANTIGÜEDAD


Uno de los padres de la Cosmonáutica, Konstantin Tsiolkovski, decía que primero nace un sueño, luego se reviste con fórmulas y prototipos, y así se materializa una fantasía. La razón por la cual podemos viajar hoy en aviones a reacción es porque hubo hombres que de sus sueños hicieron cosas reales.

Uno de los primeros diseñadores aeronáuticos conocidos del mundo fue el gran ingeniero Dédalo. Construyó unas alas para su hijo Ícaro y para sí mismo para así poder escapar de la ira del rey Minos de Creta, pero el muchacho, al pilotar su planeador, voló demasiado alto y cayó al agua del que hoy se llama mar Icario. Los hermanos Wright fueron más afortunados, pero 4.500 años más tarde, porque la base de la tecnología de la aviación ya se había desarrollado antes de ellos.

Es erróneo pensar que Dédalo pertenece a la mitología. Sus colegas, los ingenieros de Cnosos, construyeron saltos de agua en forma de curvas parabólicas para adaptarse exactamente al curso natural del agua. Tan sólo muchos siglos de ciencia podían haber producido semejante línea aerodinámica.

El fraile Roger Bacon dejó una misteriosa sentencia en una de sus obras: “Máquinas voladoras como éstas existieron en la Antigüedad, e incluso se fabrican en nuestros días”. Una afirmación de este tipo, escrita en el siglo XIII, resulta indudablemente enigmática. En primer término, Bacon afirma en primer término que los ingenios capaces de volar por el aire habían sido una realidad en un remoto pasado, y después que existían todavía en su época. Ambas posibilidades parecen fuera de lugar, y no obstante, la Historia está repleta de leyendas y de crónicas acerca de naves aéreas en el remoto pasado.

Hermes o Mercurio calzaba unas sandalias aladas y llevaba un sombrero con alas, que lo transportaban a gran velocidad sobre la tierra y el mar. “Pero las leyendas acerca de Ícaro o Mercurio son sólo eso, leyendas”, podría aducir alguien. Esto es cierto; sin embargo con mucha frecuencia, un mito es un fósil de historia y el único recuerdo de lo que realmente ocurrió miles de años antes.

Todavía más sorprendentes pueden ser los anales chinos que relatan que el emperador Sun (aproximadamente 2258-2208 antes de J.C.) construyó no sólo un aparato volador, sino incluso un paracaídas, aproximadamente por la misma época en que Dédalo fabricaba sus planeadores.

El emperador Cheng Tang (1766 antes de J.C.) ordenó a Ki-Kung-Shi que diseñara un carro volador. Este primitivo constructor de aviación cumplió el encargo y probó la aeronave en vuelo, alcanzando la provincia de Henan. Posteriormente, la nave fue destruida a consecuencia de un edicto imperial, pues Cheng Tang tenía miedo de que el secreto de su mecanismo cayera en manos de sus enemigos. Estas advertencias, hechas de modo casual, indican que el emperador y los sabios debían de haber poseído prototipos de la nave voladora. ¿Dónde consiguieron su manual de aeronáutica?

El poeta chino Chu Yuan (siglo III antes de J.C.) relató la historia de su vuelo en un carro de jade a gran altura sobre el desierto de Gobi en dirección a las montañas de blancas crestas de Kunlun, en el Oeste. Describió con exactitud cómo la aeronave no resultaba afectada por los vientos y el polvo del Gobi, y cómo realizó una exploración aérea.

A principios del siglo IC, Ko-Hung, describe un helicóptero en China: “Algunos han fabricado carros voladores con madera procedente de la parte más interna del árbol guinjo, utilizando tiras de piel de buey atadas a unas palas rotatorias para hacer mover la máquina”.

Una talla rocosa sobre un sepulcro en la provincia de Shantung, fechada en el año 47 de nuestra era, describe un carro en forma de dragón volando muy alto por encima de las nubes. El folklore chino está repleto de leyendas acerca de carros voladores.

La aviación fue una realidad en la aurora de la Historia, como podemos deducir del término sánscrito “vimana vidya”, o la ciencia de construir y pilotar naves aéreas. Ideas concretas referentes a la aviación existían ya en una época que es considerada como la infancia de la Humanidad.

Uno de los poemas clásicos por antonomasia de la antigua India, el Mahabharata, que es uno de los libros más antiguos del mundo, cita un “carro aéreo, con los costados de hierro, que estaba revestido con unas alas”. ¿Acaso no es una exacta descripción de un aeroplano?

El Ramayana, siglo III antes de J.C., describe el “vimana” como una aeronave con doble cubierta circular provista de troneras y una cúpula. “Volaba con la velocidad del viento”, y producía “un melodioso sonido”. Esto último no es algo que se pueda decir de los modernos aviones a reacción. Los vimanas eran propulsados por un líquido blanco amarillento, y eran utilizados para la guerra, los viajes o el deporte.

La nave prehistórica conseguía maniobras que tan sólo los helicópteros pueden realizar parcialmente en la actualidad como detenerse y permanecer inmóvil en el sitio, pero es que además se elevaba por encima de las nubes hasta tal altura que “el océano parecía un pequeño estanque de agua”.

En la antigua India seis jóvenes construyeron un buque dirigible que podía despegar, volar y aterrizar. La historia completa de este éxito de la aviación aparecer recogido en el Panchatantra. Este zeppelín prehistórico era dirigido por un completo sistema de control que proporcionaba un vuelo seguro y rápido con una maniobrabilidad total.

Se pueden distinguir dos tipos de textos en los antiguos escritos sánscritos: los que se refieren a hechos históricos conocidos como el Manusa y la literatura mítica y religiosa, llamada Daiva. El Samara Sutradhara que pertenece al primer tipo trata los viajes aéreos desde casi cualquier punto de vista que uno pudiera desear. Incluye doscientas treinta instrucciones concretas para la construcción de máquinas voladoras, despegues, cruceros de miles de kilómetros, aterrizajes normales y forzosos, incluso posibles colisiones entre la nave y los pájaros. Dada la naturaleza humana, en este mismo libro también se nos habla de la guerra química y biológica. El Samhara era un cohete que mutilaba, y Moha era un arma que producía parálisis completa.

En los textos de las Pirámides de Egipto hay una curiosa interpretación de estas construcciones como “rampas hacia el cielo” de modo que el hombre pudiera “subir al firmamento”. Se han encontrado imágenes de Isis, de más de 5.000 años de Antigüedad, en las que aparece con las alas plegadas, como un Ícaro femenino.

La aspiración humana de poder volar ha estado presente desde muy antiguo en la Historia como hemos podido ver. Muchos siglos separan a Dédalo de Leonardo da Vinci, pero sus ideas eran idénticas: crear mecanismos que permitieran volar al hombre.

En la aurora del siglo XX, el profesor Simon Newcomb que no existían materiales o maquinaria por medio de las cuales “los hombres pudieran volar largas distancias a través del aire”, y presentaba fórmulas matemáticas que “sustentaban” su teoría. Los hermanos Wilbur y Orville Wright ignoraban las ecuaciones de su sabio compatriota y construyeron el primer aeroplano poco después de la declaración de Newcomb.

Otra anécdota. En su juventud el famoso experto espacial profesor Hermann Oberth estaba cierto día sentado en una terraza en un restaurante de Lindau, en el lago Constanza. Un camarero se le acercó y señalando a un hombre de otra mesa le dijo: “¡Mire! Ahí está sentado ese loco que pretende volar”. Ese loco era el conde de Von Zeppelin.

En el año 1958 la Smithsonian Institution publicó los resultados de una investigación arqueológica multinacional que indicaba que hace diez mil años los esquimales vivían en Asia Central. ¿Cómo llegaron a Groenlandia? Las leyendas esquimales cuentan que consiguieron alcanzar el Ártico Norte mediante “gigantescos pájaros de hierro”.

Cualquier exploración fotográfica de las áridas altiplanicies de Nazca, Perú, muestra una red de líneas y figuras geométricas sobre el suelo que se extienden a gran distancia. Son las famosas líneas de Nazca. Las líneas están hechas por manos humanas, mediante el sistema de quitar las piedras más oscuras del suelo y dejar expuestas a la luz las capas internas, más claras. Es una tarea que debió de costarles muchos años.

Líneas en el Desierto de Nazca (Perú)


Aparecen perfiles de animales y pájaros, junto a triángulos y trapezoides. La mayor parte de las líneas están hechas de tal modo que no existe una relación entre ellas y las calzadas incas de la zona. También pueden verse corrientes de agua agotadas hace mucho tiempo. La edad de los dibujos de Nazca fue calculada en, al menos, uno mil quinientos años. Los indios dicen que los gigantescos dibujos sobre el suelo fueron trazados por otras razas que precedieron a la llegada de los incas.

Pero lo que realmente sorprende de estos dibujos y líneas es que no pueden verse a ras de suelo. Hay que elevarse a una altura mínima de 330 metros para que sean visibles.

En El Salvador se descubrió un antiguo vaso que muestra figuras humanas en el interior de un dirigible en vuelo.


No está fuera de lugar investigar la aviación en el pasado remoto. El progreso de la Ciencia fue inspirado por leyendas acerca de “alfombras voladoras” y “carros celestes”. Esto es lo que indujo a Leonardo da Vinci a iniciar su trabajo sobre aerodinámica teórica. Este siglo es el cenit de la Ciencia y la tecnología. Pero tienen que haber existido otros días. Los pueblos de la Antigüedad fueron los primeros en ver la luz de la Ciencia, pero con la Edad Oscura, se produjo un eclipse total que empezó a ser deshecho tan sólo hace unos pocos siglos.

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